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De Petonets

De Petonets Me quejo de dolor

Ayer, amalgamada con otras, nos llegaba la noticia de que un individuo de la especie humana y sexo masculino (perdón por la retórica; para mí, hombre significa otras cosas) atropelló a su mujer; ella se levantó y él la volvió a atropellar; ella volvió a levantarse y él la volvió a atropellar; ella volvió a levantarse, seguramente ya muy a duras penas, y él la atropelló de nuevo, esta vez estrangulando cualquier hálito de vida que se resistiera a extinguirse en su cuerpo.
Nadie está libre de haber experimentado acaloradas o leves discusiones, incluso de, enmedio de la crispación, decir o hacer lo que nunca hubiera debido; pero esto suena más bien a maquinación infernal, a premeditación y alevosía, a ensañamiento fríamente calculado, a impotencia visceral, a depredación, a chulería. "Esto se acaba en cuanto yo acabe contigo", debió decir en alguna ocasión el marido. O "yo te voy a enseñar quién manda aquí". O "tú de mí no te ríes". O cualquiera de esas tan sobadas cosas. Y eso suena canalla. Eso suena cobarde, porque el valor se demuestra afrontando las situaciones, encarando los retos y buscando juntos la mejor solución. Eso suena a impotencia por no ser capaz de consensuar la propia mente. Eso suena a cálculo traidor, a burla seguramente en algún momento disimulada, a odio rancio, a rencor.
Estábamos contentos porque por primera vez en nuestra historia una mujer va a ser vicepresidenta de nuestro país, y ocho van a ser ministras. Estábamos contentos porque las mujeres, públicamente, ya ocupan lugares que por sus méritos conquistan. Estábamos contentos porque las mujeres que aún son utilizadas para halagar presuntas virilidades cada vez son más apoyadas y mejor defendidas. Estábamos contentos porque esos individuos de la especie humana y sexo masculino que se burlan de las mujeres que demuestran ser más capaces y tolerantes que ellos iban quedándose obsoletos.
Caramba, y nos sorprenden con esto. ¡Qué sensación de desfase en la historia! ¡Qué desasosiego!
Habrá quien piense que estas acciones son más propias de otros tiempos. Yo confirmo que, ya desde muy antiguo, las gentes eran capaces de convivir, cuidarse, mimarse, curar a sus enfermos como podían, aguantar dificultades, inventar formas para el bienestar de todos, velar por sus muertos, desplazarse grandes distancias en busca de mejores recursos para vivir. Hace cientos de miles de años ya existía gente capaz de pensar, sentir, imaginar, hacer algo por y para todos. Nos han llegado de manera anónima, pero nos han llegado a través de sus legados que se han perpetuado hasta nosotros. Pensaron tanto que descubrieron cómo cultivar la tierra para que diera más fruto, cómo controlar el fuego, como hacer que los grandes pesos se pudieran llevar rodando, cómo conservar los alimentos para asegurar más tiempo su subsistencia. Quisieron ser útiles. Entre esas gentes, seguramente, también habría mentes enfermizas, obsesivas, impotentes, que simplemente no querían participar en algo que fuera bueno para la comunidad. Seguramente por culpa de esos, por perder tiempo atendiendo sus casos, a estas alturas la sociedad padece úlceras por diversos órganos; seguramente podríamos haber avanzado más y haberlo hecho más rápido o con más soltura. Los que se empecinan en que o prevalece lo suyo o lo demás no vale nada sólo logran entorpecer el paso vivo de los demás. Quizá la cuestión está ahí: querer ser
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1 comentario

Raquel -

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Gracias
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